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jueves, 15 de enero de 2009

Gervasio Sánchez: La valentía de un discurso

Aunque sea una minoría existe gente coherente con sus principios y que defiende aquello en lo que cree.
Entre esa minoría se encuentra Gervasio Sánchez. Gervasio es un periodista y reportero gráfico que el pasado 7 de Mayo del 2008 recibió el premio Ortega y Gasset en la categoría de Periodismo Gráfico, por su fotografía Sofía y Alia, de la serie Vidas minadas.

En el acto estaban presentes la Vicepresidenta del Gobierno, varias ministras y ministros, exministros del Partido Popular, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, el Alcalde de Madrid, el Presidente del Senado y centenares de personas.
Todos los grandes medios de comunicación censuraron el discurso y no hicieron ninguna mención en sus páginas sobre él. Solamente El Heraldo de Aragón y el Magazine suplemento dominical de la Vanguardia, publicaron sus fotos.
El discurso dejó en evidencia la hipocresía de nuestros políticos, que se manifiestan en contra de los conflictos bélicos y que a su vez permiten que España se haya convertido en uno de los mayores exportadores de minas y bombas de racimo.

Ya que ningún periódico ha querido divulgar este discurso, lo hago yo desde este rinconcito de Internet. Si os gusta divulgadlo.

DISCURSO DE GERVASIO SÁNCHEZ

Estimados miembros del jurado, señoras y señores:

Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo. ….

Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.


No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.

Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.

Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad. Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.

Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi.

Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.

Sofía y Alia

Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.

Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.

Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.

Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.

Muchas gracias.

viernes, 27 de junio de 2008

Los principes del universo

Quiero agradecer públicamente a la autora del relato que haya tenido la amabilidad de enviarmelo personalmente para publicarlo. La primera vez que lo leí en el diario Metro, supe que era un relato que quería poner en mi blog.
El relato nos hace pensar en nuestra condición de seres mortales y de como nos empeñamos en hacer todas aquellas cosas que no queremos hacer.
Por eso siento envidia toda aquella gente que tiene el coraje suficiente para hacer lo que le apetece en cada momento, porque son los que realmente viven.

Muchas gracias por habermelo enviado......

LOS PRÍNCIPES DEL UNIVERSO.

Vivimos como si fuéramos inmortales y sólo a veces, cuando a nuestro alrededor sucede algo irreparable, abrimos los ojos y vislumbramos por un instante la realidad. Por lo general no nos gusta lo que vemos: nos causa pavor y pánico, nos demuestra lo débiles y transitorios que somos. Así que tendemos a cerrar de nuevo los ojos o, al menos, a entornarlos porque la vida, como el show de la canción, debe continuar, y si estuviéramos considerando sin cesar nuestra condición de seres mortales que nacen con una fecha de caducidad que no viene marcada en ninguna etiqueta visible, no iríamos a la oficina cada mañana, no nos meteríamos en atascos absurdos que nos hacen perder cientos de horas ni nos embutiríamos en unos malolientes medios de transporte, atestados como vagones de ganado.

"Si considerasemos nuestra condición de seres mortales, no pensaríamos que ya tendremos tiempo para hacer lo que de verdad queremos hacer porque seríamos conscientes de que puede que más tarde no tengamos ese tiempo".

No engulliríamos en quince minutos comida envasada sólo para poder seguir trabajando ni nos hacinaríamos en casas microscópicas por las que pagamos lo que nunca tendremos. No sonreiríamos como bobos al director de la sucursal bancaria que nos “da” ese dinero que no tenemos, ni soportaríamos con una especie de estoicismo feliz la fealdad de unas ciudades grises, asfixiantes y ruidosas, que justifican la necesidad de seguir tirando de un carro que pesa cada vez más. No pensaríamos que ya tendremos tiempo para hacer lo que de verdad queremos hacer porque seríamos conscientes de que puede que más tarde no tengamos ese tiempo. No pasaríamos el día deseando que llegue pronto el día siguiente y luego el otro para que el fin de semana esté ya aquí y entonces empezar a suspirar por las vacaciones de verano, momento en que ansiaremos que lleguen las Navidades. No permitiríamos que nos hicieran creer que la felicidad está en comprar cosas ni nos consolaríamos pensando que, al fin y al cabo, todos hacemos lo mismo porque todos estamos en la misma espiral de inconsciencia.

Jonathan Swift escribió “Ojalá vivas todos los días de tu vida”. Pues eso: Ojalá.

Si te ha gustado este relato Visita el blog de Pilar Adón pinchando en este enlace

domingo, 15 de junio de 2008

Tululo III

“La profesora echó un vistazo por el ventanuco desde el que se divisaba una esquina de La Caleta de Cádiz. Daba clase en un colegio de la provincia, y, aunque era sevillana cerrada, los gaditanos le encantaban.

Encima de la mesa de su estudio, unos cien exámenes para corregir. No se dejó invadir por la pereza, se sirvió un té frío y se sentó a la tarea. Antes, una última ojeada a la luz inmensa sobre el mar.

Los ejercicios, 4º de la ESO, trataban sobre las lenguas peninsulares y alguna cuestión de cultura general que había conseguido ir metiendo con calzador a los chavales: un poco de arte, unas pinceladas de historia…

Leyó el primero: «Los versos utilizados en España antes del Renacimiento eran, mayormente, el dodecaedro y el octoedro». ¡Virgen Santa del Rocío! Tachó la respuesta, pero incorporó un «jajaja» con el rotulador rojo en el margen. No se desmoronó. En el tercero de los folios, se afirmaba literalmente: «El euskera es una lengua bilingüe». Se quitó las gafas, se masajeó las sienes: no podía ser cierto. Pero lo era, porque, según otro alumno: «El euskera se cree que llegó del Cáucaso con una familia de inmigrantes». Y todo ello, claro, escrito en lo que quería ser un andaluz fonético. Por ejemplo: «El gallego es de origen griego derivado del latín», que aparecía como «er gayego e dorihen jriego deribao der latín»…

De pronto, una respuesta le hizo fijar su atención de modo especial: «Tululo III». Allí estaba, como contestación a la pregunta número 12. «Tululo III». ¿Tululo Tercero?, se preguntó, ¿pero cuándo hablé yo de un Tululo Tercero? ¿Qué habría entendido aquella alma cándida?. Preocupada, repasó la lista de reyes, de papas… ¿Tululo Tercero? ¿Acaso había querido decir Tululo Tres? Es posible… pero ¿quién es Tululo Tres, en todo caso? Ya está, pensó, este elemento metió aquí a algún cantante de moda o a algún personaje de «Gran Hermano», o algún Camilo Sesto moderno, armándose un taco. Se preparó otro té, más frío aún. Sonrió recordando aquel gazapo de un periódico que puso como pie de foto «Inocencio Díez» bajo una reproducción del retrato velazqueño del Papa Inocencio X.

"El niño, sabedor de Felipes III, de Carlos III, de Abderramanes III, de tanta gente que ha sido III en la historia, no tuvo duda al copiar en su cuaderno el nombre del artista".
Ahí fue cuando se le encendió la bombilla. Recordaba, en efecto, haber explicado algo de pintores famosos en una de las clases. Recordó enseguida que había insistido mucho en que prestaran atención, que aquello iba a ser asimismo materia de examen, que guardaran silencio. Sí, incluso había llevado diapositivas al aula… La intuición le fue creciendo dentro como un irresistible golpe de mar. Algo tenía que ver el «Tululo III» de los demonios con aquella jornada. Algo, pero qué. Agitada, fue en busca de la cartera dande guardaba las preguntas del examen que había puesto. Encontró la de marras y aún quedó más perpleja. La había formulado así: «Escribe el nombre de algún pintor francés famoso». Y Tululo III ¿qué tenía que ver con eso? Ella misma fue repasando en su memoria los artistas franceses: Monet, Manet, Pissarro… Sisley, Morisot… Delacroix, Renoir… Cézanne, Gauguin…

Cuando cayó en la cuenta, hubo de sentarse de golpe en el sofá. Aquella clase se le vino al punto, imagen tras imagen, palabra tras palabra: «A ver, niños, hoy vamos a estudiar a un pintor muy bohemio y muy bueno que se llama Toulouse Lautrec». Y, claro, ¿cómo pronuncia esa frase una sevillana adoptada por Cádiz? Muy sencillo: «Vamo a estudiá a un pintó mu bohemio y mu güeno que ze yama Tululotré». Y el niño, sabedor de Felipes III, de Carlos III, de Abderramanes III, de tanta gente que ha sido III en la historia, no tuvo duda al copiar en su cuaderno el nombre del artista: «Tululo III». ¡Ole y olé, chaval!”

Autor Francisco García Pérez visto en el diario ABC

miércoles, 6 de febrero de 2008

Sólo para adultos

Este artículo lo leí un par de días antes de que llegase el día de reyes en el diario Metro. Como me pareció interesante y aquel día ya tenía algo que poner en el blog, lo reservé para ponerlo en otra ocasión.

Aquí os lo dejo. Habla de como los anuncios de juguetes solamente los deberían de ver los adultos.

Espero que os guste.



La Navidad ya se deja sentir en la propaganda televisiva: anuncios de cachivaches ruidosos y muñecas repipis que pasan por juguetes. Se trata de tentar a los más indefensos del mercado, los niños. Son los clientes perfectos de los vendedores gracias a la influencia que ejercen sobre unos padres que pocas veces resistimos las ganas de darles lo que piden machaconamente. Me parece inevitable la publicidad que conlleva el mercado libre, porque para conocer los productos en venta éstos deben ser previamente anunciados, y las empresas tienen derecho a invertir en propaganda el presupuesto que deseen, faltaría más, pero una cosa es eso y otra, hipnotizar a quienes no tienen capacidad para resistirse a ello.

El niño desconoce lo que significa llegar a fin de mes, ignora que hay recibos y domiciliaciones bancarias a las que hacer frente, no sabe lo que es la inflación; para el niño no cuenta más que el deseo repentino, la urgencia de poseer ese juguete que aparece una y otra vez por televisión y que los padres de Pepito ya le han comprado a su dichoso hijo. Pienso que la publicidad debería circunscribirse a los adultos, y que los anuncios de juguetes tendrían que emitirse a partir de las once de la noche, cuando ya no quedan críos despiertos.

A esa hora, los padres elegiríamos los juguetes para regalar en Nochebuena mucho más tranquilos, sin la presión filial. Pero ahora quienes deciden qué comprar son los niños, previamente sugestionados por la atractiva propaganda televisiva. Así que, ese gran invento de la compañía Coca-cola, Papá Noel, nos visita cada año cargado de juguetes que curiosamente no se encuentran en ningún rincón remoto de Laponia, sino en la macrotienda más cercana. Niñas que hacen caca, ositos cursilones que dicen tonterías. Qué espanto. Pero los Reyes Magos no son la alternativa al viejo glotón del trineo. La alternativa es que se prohíba la publicidad destinada a los chiquillos.

Juan Aparicio Belmonte. diario metro

lunes, 21 de enero de 2008

Nos mienten

Nos mienten. En las noticias, en las cabeceras, en los periódicos, en las fotos de los periódicos, en los pies de foto de las fotos de los periódicos, en los programas, en los avances de los programas, en los zappings sobre programas, en los intermedios, en la duración de los intermedios, en la publicidad también, sí, y en los productos, en los usos de los productos, en las garantías, en la duración de las garantías, en las empresas que nos consumen, en las que nos hacen consumir, y en los trabajos basura, en los sueldos miseria, las hipotecas remuneradas, las bajadas hacia arriba del petróleo, las políticas en general, y por supuesto y cómo no, cualquier político en particular.

Nos mienten. Nos mienten y el país entero agoniza de mentira. Da igual la izquierda que la derecha, el centro que la periferia, los nuestros que los de más allá. Información opinada y opinión desinformada recorren la actualidad de la mano y sólo se sientan para mentir ante polígrafos que normalmente maneja un hombre calvo que debe ser muy bueno para ser calvo y, aún así, estar en la tele.
Porque no sé si ya lo he dicho, pero nos mienten. Nos mienten y el mayor debate, la mayor obsesión, el mayor morbo está en adivinar dónde está la pelotita de la verdad. Una pelotita cada vez más pequeña, esquiva e irrelevante, manejada ante la opinión pública por el grupo de comunicación de turno que mueve los vasitos al frenético ritmo de los robados, montajes y exclusivas siempre frescas que me las quitan de las manos, oiga.
Si vas a mirar, nos mienten incluso los muertos. Cualquier anécdota, por vieja, pasada y anticuada que sea, se descongela de la historia, dos minutitos en el microondas de la actualidad, y ya está, lista para ser servida por el basurero mediático que más chille.
Y sé que lo peor no es que nos mientan. Lo peor es que ya estemos acostumbrados. Estamos tan mentidos que incluso la verdad nos parece mentira. Alguien que de pronto se vuelve loco y se plantea ser honesto se convierte en noticia, en reclamo, en extraño suceso a estudiar por los medios, que no salen de su asombro, no entienden qué le pasa a ese que de verdad dice lo que piensa.
En fin. Que así la verdad y así la mentira, no me extraña nada todo lo que nos está pasando. Somos carne de opinión. Y hay demasiada gente que prefiere que le piensen las cosas, que se las den mentidas, para no tenérselas que plantear.
Pues bien, señores bellacos. Ahí va mi primer mensaje. Que les den mucho por culo. Hay mucha gente dispuesta a no mentir y a no mentirse. Y también les avanzo el segundo. Que cada vez seremos más y más fuertes. Como alguien dijo una vez, "se puede engañar a algunos durante todo el tiempo, o se puede engañar a todos durante algún tiempo, pero no se puede pretender engañar a todos durante todo el tiempo".

Y su tiempo señores, al igual que nuestra paciencia, se está agotando. Tic. Tac.

Autor: Risto Mejide extraido del Diario ADN

lunes, 30 de abril de 2007

¿Nos da miedo pensar?

"Los hombres temen al pensamiento más de lo que temen a cualquier otra cosa del mundo; más que la ruina, incluso más que la muerte.

El pensamiento es subversivo y revolucionario, destructivo y terrible. El pensamiento es despiadado con los privilegios, las instituciones establecidas y las costumbres cómodas; el pensamiento es anárquico y fuera de la ley, indiferente a la autoridad, descuidado con la sabiduría del pasado.

Pero si el pensamiento ha de ser posesión de muchos, no el privilegio de unos cuantos, tenemos que habérnoslas con el miedo. Es el miedo el que detiene al hombre, miedo de que sus creencias entrañables no vayan a resultar ilusiones, miedo de que las instituciones con las que vive no vayan a resultar dañinas, miedo de que ellos mismos no vayan a resultar menos dignos de respeto de lo que habían supuesto.

¿Va a pensar libremente el trabajador sobre la propiedad?
Entonces, ¿qué será de nosotros, los ricos?

¿Van a pensar libremente los muchachos y las muchachas jóvenes sobre el sexo?
Entonces, ¿qué será de la moralidad?

¿Van a pensar libremente los soldados sobre la guerra?
Entonces, ¿qué será de la disciplina militar?

¡Fuera el pensamiento! ¡Volvamos a los fantasmas del prejuicio, no vayan a estar la propiedad, la moral y la guerra en peligro!

Es mejor que los hombres sean estúpidos, amorfos y tiránicos, antes de que sus pensamientos sean libres. Puesto que si sus pensamientos fueran libres, seguramente no pensarían como nosotros. Y este desastre debe evitarse a toda costa.

Así arguyen los enemigos del pensamiento en las profundidades inconscientes de sus almas. Y así actúan en las iglesias, escuelas y universidades."


Bertrand Russell: "Principes of Social Reconstruction". London, 1916.

jueves, 15 de marzo de 2007

Una de las vergüenzas de España


Con el permiso del autor ( aunque no le he llamado para pedirselo ) tomo prestado este artículo, que publico en una revista, sobre una de las vergüenzas nacionales que todavía nos quedan en España. El toro de la vega.


Y pensar que en pleno siglo XXI todavía sigan comentiendose estas atrocidades.


SOBRE CHUSMA Y SOBRE COBARDES

Por Arturo Perez Reverte


"Se me han cabreado unos vecinos de Tordesillas porque el otro día califiqué de chusma cobarde a la gente que se congrega cada septiembre para matar un toro a lanzazos mientras la junta de Castilla y León, pese a las protestas de las sociedades protectoras de animales, mira hacia otro lado y se lava las manos en sangre, con el argumento de que se trata de una tradición y un espectáculo turístico. No sé si es que los llamara chusma o los llamara cobardes, o las dos cosas, lo que pica el amor propio de mis comunicantes. El caso es que se dicen «lanceros de Tordesillas, y a mucha honra», y preguntan cómo yo, que alguna vez he escrito que me gusta asistir de vez en cuando a una corrida de toros, me atrevo a hablar así de lo que desconozco, o sea, de «un duelo atávico y mágico, un combate de la bravura contra la inteligencia, un ritual de valor y de bravura que se celebra desde tiempo inmemorial». Exactamente eso es lo que dicen y lo que preguntan. Así que, con el permiso de ustedes, se lo voy a explicar. Despacito, para que me entiendan.


Amo a los animales. Por no matarlos, ni pesco. Tengo un asunto personal con los que exterminan tortugas, delfies, ballenas o atún rojo. También prefiero una piara de cerdos a un consejo de ministros. Creo que no hay nada más conmovedor que la mirada de un perro: mataría con mis propias manos, sin pestañear, a quien tortura a un chucho. Sostengo que cuando muere un animal el mundo se hace más triste y oscuro, mientras que cuando desaparece un ser humano, lo que desaparece es un hijo de puta en potencia o en vigencia. Eso no quiere decir, naturalmente, que caiga en la idiotez de algunas sociedades protectoras de animales que dicen que cargarse a un bicho es un acto terrorista. Incluso, como apuntaban mis comunicantes, cada año voy un par de veces a los toros. Cada cual tiene sus contradicciones, y una de las mías es que me gustan el temple de los toreros valientes y el coraje de los animales nobles. Es una contradicción -tal vez la única, en lo que tiene que ver con los animales- que asumo sin complejos; y sólo diré, en descargo, que nunca me horroricé cuando un toro mató a un torero. Al torero nadie lo obliga a serlo; y a cambio de jugarse la vida, gana dinero. Si no murieran toreros, cualquier imbécil podría estar allí. Cualquier cobarde podría dárselas de matador de toros. Cualquier mierdecilla podría justificar por la cara, sin riesgo, su crueldad y su canallada.

Yo he visto matar. Con perdón. Matar en serio. He visto hacerlo de lejos y de cerca, a solas y en grupo, y me he formado ciertas ideas al respecto. Una de ellas es que degollar y cascar tú mismo, cuando toca, forma parte de la condicion humana; y que son las circunstancias las que te lo endiñan, o no. También tengo una certeza probada: muy pocos son capaces de matar cara a cara, de tú a tú, jugándosela sólo con su inteligencia y su coraje, si alguien no les garantiza impunidad. Recuerdo a verdaderas ratas de cloaca, incapaces de defender a sus propios hijos, enardecerse en grupo y gallear, pidiendo sangre ajena, cuando se sentían respaldados y protegidos por la puerca manada. Conozco bien lo miserable, cruel y violento que puede ser un individuo que se sabe protegido por el tumulto. También leo libros, vivo en España, conozco a mis paisanos, y sé que para linchar y apuñalar por la espalda, aquí, somos unos artistas. Lo hacemos como nadie. Por eso, que media docena de tordesillanos, o más, se quejen porque a estas alturas de la feria me asquea lo del toro de la Vega y me cisco en los muertos de los lanceros bengalíes, me tiene sin cuidado. Lo dije, y lo sostengo. Llamar combate, torneo y espectáculo de épica bravura a miles de fulanos acosando a un animal solitario y asustado, y después tratar de héroes a una turba enloquecida por el olor de la sangre, que durante media hora acuchilla hasta la muerte al toro indefenso, refugiado en un pinar, y que luego salga la alcaldesa diciendo que «el combate fue rápido y ágil», y que el Aquiles de la jornada, o sea, el cenutrio que le metió el primer lanzazo, alardee, como el año pasado, de que «el toro estaba a la defensiva y se escondía en los arbustos, así que era difícil alancearlo», es un sarcasmo, una barbaridad y una canallada. Se pongan como se pongan. Al menos, en las plazas de toros el animal tiene una oportunidad: empitonar a su verdugo, de tú a tú. El consuelo, tal vez, de llevarse por delante al cabrón que lo atormenta.

Así que, por mi, todos los heroicos lanceros de la Vega pueden irse a hacer puñetas."



Por mi también puede irse a hacer puñetas, gargaras o a tomar por culo.